Cómo hacer gelatina de ducha tipo Lush

¡Bueno, bueno!

Aquí estamos de nuevo, después de un mes de agosto sabático y un verano de sequía blogueril.

Como todo el mundo parecía estarse tomando un descanso de la vida digital y yo estaba también bastante saturada, decidí irme de vacaciones también de por aquí para volver en septiembre con las pilas cargadas.

Empiezo la temporada con una receta de cosmética natural casera, que espero será la primera de muchas.

Como os he ido contando por twitter e instagram, este verano hice por fin un cursillo de cosmética natural y desde entonces me he dedicado a husmear, investigar sobre ingredientes, elaboraciones y demás, hasta que por fin me puse manos a la obra.

Aproveché el último domingo para ponerme a hacer algunas recetillas fáciles, y el primer producto que salió fue esta gelatina de ducha que os enseño aquí (apreciemos su movimiento sexy):

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Esta maravilla que sirve para lavarse el cuerpo y las manos no lleva nada más que seis ingredientes, y es que, como os iré contando en próximas entradas, en cosmética natural muchas veces menos es más, y los ingredientes son muy versátiles.

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Empecemos por el principio: ¿qué es una gelatina de ducha?

Pues este producto tan pintoresco, muy famoso en Lush, que lo fabrica de mil colores y aromas diferentes, es simple y llanamente un gel muy espeso, un gel en estado gelatinoso. ¿Y cuáles son los ingredientes básicos de un gel?

-3/4 partes de agua o infusión

-1/4 de tensioactivo (ingrediente que aporta la acción lavante y espumante al producto)

-Espesante (que es el quid de la cuestión, la cantidad de espesante determina la textura)

-Conservante

-Aromas e ingredientes extra o mejorantes

Ahora hablemos de esta gelatina en concreto:

Su elaboración no fue premeditada, fue improvisando sobre la marcha porque esa tarde me dediqué a probar el efecto espesante del agar-agar sobre productos líquidos. ¿Qué ocurrió? Que fracasé estrepitosamente: no conseguí encontrar el equilibrio entre el líquido absoluto y el bloque gelatinoso, pero pensé que lo que sí podía hacer es aprovechar el fiasco del novato para hacer una gelatina de ducha (y funcionó).

Los ingredientes que usé fueron:

-Agua

-Agar-agar (se vende en hipermercados, en la sección de repostería)

-Betaína (tensioactivo suave derivado del coco)

-Ácido cítrico como conservante

-Aceites esenciales de naranja dulce y árbol de té para aportar aroma

-Vitamina E como mejorante

-1 vaso o recipiente que tenga el culo redondeado (para la forma de la gelatina)

La betaína, el ácido cítrico y la vitamina e los compré en Cosmética natural casera shop, una tienda online especializada en ingredientes para cosmética natural. Todos son ingredientes muy versátiles y los precios son ridículos en comparación con la cantidad de productos que puedes elaborar con ellos. El agar-agar lo podéis sustituir por gelatina neutra, la que se vende en láminas en cualquier supermercado, y se prepara de la misma forma.

El proceso de elaboración fue el siguiente:

-Verter medio vaso de agua en un cazo y añadir 1/3 de sobre de agar-agar. Llevar a ebullición y dejar cocer durante 1-2 minutos.

-Echar la mezcla en el vaso (lo usaremos para mezclar todo y como molde).

-Añadir betaína a la mezcla (el líquido que tiene el vaso son 3/4 del total y el cuarto restante será betaína).

-Añadir la punta de un cuchillo de ácido cítrico (se vende en polvo).

-Añadir unas 10-15 gotitas de aceites esenciales (en mi caso puse 12 de naranja y 3 de árbol de té).

-Con una jeringuilla, añadir una pequeña cantidad de vitamina e (se vende líquida). Yo puse hasta la primera marca de la jeringuilla.

-Remover todo muy bien para que se integre y dejar enfriar en la nevera. Al ser una cantidad pequeña, estará listo en una hora o menos.

¡Y ya está! Ahora solo queda apreciar la maravillosidad que habéis creado, lo fácil que ha sido y comprobar que. si lo frotáis, hace espuma. Magic!

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Nos leemos en la próxima.

Seguiremos informando.

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Desmaquillado zero waste con la mini gamuza Glov

Hi there! Esta entrada no sé por qué la he ido posponiendo y realmente tenía programado subirla antes, pero ha habido cambios de planes, you know.

El caso es que os quiero hablar de un experimento que compré en este pedido a Vita33, que me llamó mucho la atención y me pareció un buen candidato principalmente para sustituir a los bastoncillos del demonio.

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El utensilio en cuestión se llama Glov quick treat, y como podéis ver, además de monísimo es una gamuza desmaquillante en formato mini. Pero mini, mini. Formato dedal, podríamos decir. Glov es una marca especializada en gamuzas desmaquillantes de distintos tamaños, por lo que he podido comprobar. Me parecen una muy buena alternativa para dar puerta a los discos desmaquillantes y toallitas, y a los desechables en general, para apostar por una rutina facial más sostenible.

En mi caso me incliné a probar este modelo concreto porque, como ya os contaba en esta entrada sobre zero waste, se la tenía jurada a los bastoncillos, y estaba en busca y captura de una alternativa que me permitiera corregir los manchurrones fruto de mi manquismo con la máscara de pestañas sin contribuir al uso masivo de plástico.

 

Pues he aquí el artilugio: rosa y suave, debo decir, y presentado en un envoltorio de unicornios que no contribuyen para nada al deseo de compra.

Se ajusta perfectamente al dedo, sin resbalarse. La marca nos recomienda su uso en mojado, entonces la idea es ponerlo debajo del grifo y una vez mojado utilizarlo para arrastrar el maquillaje de los ojos tal y como utilizaríamos un disco desmaquillante. En mi caso lo he probado con aceite de coco y me ha funcionado genial, exactamente igual que usando una esponjita vegetal, aunque eso sí, una experiencia mucho más suave.

Se recomienda lavarlo con jabón para quitar los restos de maquillaje y dejarlo secar al aire para su próximo uso. En mi caso me resulta especialmente cómodo dejarlo en la zona de maquillaje, sobre un lápiz de ojos. Se seca perfectamente como si estuviera en el dedo.

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Ahora bien, puntos negativos:

Para mi idea principal no me ha funcionado: cuando intentaba utilizarlo para corregir las manchas de máscara de pestañas se me hacía demasiado grande y poco preciso, y tenía que apretar demasiado para quitar el exceso. No me resultó cómodo y definitivamente para ese menester me quedo con este truquillo que ya os adelantaba en la entrada sobre zero waste que iba a probar: un trocito de esponja vegetal.

Sí sí, las de toda la vida. Buenas, bonitas y baratas. Y biodegradables. Da la casualidad de que las últimas que compré (en Hipercor) tenían forma de flor, por lo tanto recorté un “pétalo” y tenía el tamaño perfecto. El grosor de estas esponjas si las cortamos dejando un extremo algo más fino es perfecto para corregir las manchas de maquillaje como lo haría un bastoncillo, pero sin contaminar. En mi caso guardo el trocito en mi zona de maquillaje y, si me confundo (que no siempre pasa, estoy mejorando) lo mojo, me lo paso y en medio segundo ya he solucionado el problema. ¡Os recomiendo que probéis!

Y hasta aquí mi opinión sobre este utensilio tan curioso. ¿Qué os ha parecido?

Seguiremos informando.

A veces no

Supongo que todos lo habréis experimentado alguna vez. Es una sensación extraña que nunca sabes exactamente cómo llega, pero cuando te quieres dar cuenta se ha convertido en una especie de nube que no deja de lloverte encima. Una mezcla de desmotivación, cansancio, saturación y desgana que anula cualquier iniciativa o impulso, o ganas de hacer hasta la cosa más nimia.

Hasta la persona más fuerte y con más fuego interior a veces se apaga, y supongo que es normal. Cuerpo y mente necesitan descanso para coger aire y retomar la marcha, y cuando no se lo proporcionas durante un largo tiempo, se rebelan contra ti.

A mí me ha pasado, esa sensación se ha apoderado de mí y me ha explotado en la cara en las últimas semanas, haciéndome dudar de cada paso que daba, quitándome las ganas de todo. No sé si es julio, el calor seco de Madrid, la sobrecarga de trabajo, la acumulación de momentos difíciles a lo largo del año, las dudas que a veces me asaltan sobre mi camino, pero no he estado ahí. He dicho que no, que no a todo, que no a mí.

Hasta hoy.

Anoche estuve hablando con alguien, y como siempre ocurre, las personas que te quieren tienen ese don especial para identificar una solución que a ti no se te había pasado por la cabeza, en tu obcecación y negatividad. Una solución que te cambia el prisma, un enfoque distinto.

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Un enfoque distinto, como el de Doisneau y su cámara…

Y algo tan simple como eso, el enfoque, puede hacer que cambie la forma en la que nos tomamos la vida. Y cuando enfocamos con algo más de luz, parece que todo vuelve poco a poco a la normalidad. Paso a paso, pero ha vuelto. He vuelto.

No os olvidéis de enfocar, o en su defecto, dejad que os enfoquen. Dejaos cuidar.

Seguiremos informando.

Nutella sin remordimientos y otros hallazgos en Vita33

¡Hola hola!

Madre mía, la semana pasada no pude encontrar el momento de pasarme por aquí y, ahora que por fin me pongo, me da la sensación de que hace siglos de las últimas líneas que escribí.

Los primeros días de piernas al aire y calor me coincidieron de pleno con los eventos más importantes del año y unas jornadas de locura total que me han dejado pa’l arrastre, necesito unas vacaciones con urgencia…

Pero bueno, al lío, que me voy por los cerros de Úbeda. El caso es que le tenía echado el ojo desde hace algo más de un año a la web Vita33, una web española que vende cosmética natural y productos de alimentación y limpieza del hogar entre otras cosas. La verdad es que tienen una oferta de marcas bastante amplia que no es fácil de encontrar en España y ofrecen bastante rapidez en el envío.

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El caso es que hace unas semanas me decidí a encontrar un sustituto de la Nutella un poco más sano. Realmente me conformaba con que no estuviera inflado de azúcar, porque oye, no me voy a poner yo agonías con el tema de “comer healthy” cuando soy la primera en pedir pizzacas los jueves y comerme un pedazo helado cuando me apetece, pero sí que es verdad que el tema de las cantidades de azúcar que llevan ciertos productos me hace llevarme las manos a la cabeza (véase el tomate frito por ejemplo).

Hace tiempo que me he vuelto adicta al cacao puro con leche (a modo de Cola Cao) y está mil veces más rico que cualquier bebida chocolatada con tres toneladas de azúcar. Así que pensé que tenía que haber algo parecido pero en versión Nutella, y… ¡eureka! Vita33 al rescate.

Me dio un día por bichear en la web y vi que justo tenían una marca de cremas de untar con la segunda unidad a mitad de precio, y vamos, más claro agua, porque son productos que baratos no son, y había que aprovechar la oportunidad.

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La marca en cuestión se llama Gudgreen, y me decidí por la crema crujiente de avellanas y cacao (la Nutella sana) y la crema de avellanas. Qué cosa más buena, me cagüen la leche. La pseudonutella es de otro planeta, de verdad. Se notan por separado el sabor de la avellana y del cacao y es mucho más sabrosa que cualquier crema de chocolate comercial. Mil veces más rica. Y la de avellana a su lado queda un poco eclipsada, pero está muy rica también, con prácticamente el mismo sabor que la crema de cacahuete.

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Además, decidí aprovechar el pedido y mirar algunas cosillas más. Me estaba quedando sin mi jabón facial y me puse a buscar alternativas zero waste. Me decidí por este jabón en barra de leche de burra de la marca SO Bio. Aunque, mi gozo en un pozo my joy in a well, porque cuando me llegó, descubrí que el envoltorio era de plástico. Por lo demás me gusta: limpia y desmaquilla bien (lo uso para ambas cosas) aunque cuidado con que te toque el lagrimal, porque pica un poquete (pero yo soy así de burra, quelevamoasé).

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Después me puse a cotillear la marca Pacifica, una marca de cosmética natural que me llamaba la atención desde hace tiempo. Me enamoré de sus perfumes y me animé a comprar el de sándalo y naranja dulce para el verano. Huele de vicio, pero me llevé un poco de chasco al ver lo sumamente pequeño que era (me lo esperaba algo más grande). La duración tampoco es que sea un milagro, aguanta un par de horas y luego se va, pero mientas huele, huele a gloria, algo así como chuches de naranja (las de gajitos). Debe ser que estoy obsesionada con este olor porque como os contaba en esta entrada, también me compré hace unos meses un aceite esencial de naranja para usarlo con el difusor de aromas y que toda mi casa huela a naranja. Mmm…

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Y por último pero no menos importante, me lancé a la piscina con un experimento del que no os voy a contar mucho porque será el protagonista de la siguiente entrada. Se llama Glov quick treat, y es una gamuza pequeña para ponerse en el dedo cual dedal y desmaquillarse. Algo así como un sustituto reutilizable a los discos desmaquillantes y los bastoncillos. Para nada influyó en mi decisión que el envoltorio fuera de unicornios.

Y bueno, ¡esto es todo! ¿Qué os ha parecido? Si no conocíais Vita33 os animo a que echéis un vistazo, tiene muchísimas marcas de alimentación y cosmética natural y el servicio es fantástico. Nos leemos.

¡Seguiremos informando!

Descubriendo Jazmín y Azahar: Cosmética artesanal con amor desde Andalucía

Hoy traigo una entrada que me hace especial ilusión, y es que he querido ir un paso más allá y no solo hablaros de un producto como consumidora, sino darle voz a la persona detrás de la marca para que nos cuente todos los detalles sobre Jazmín y Azahar, un proyecto de cosmética artesanal con alma española.

Uno de mis propósitos en lo que a hábitos de consumo responsable se refiere es apostar por el comercio local y las pequeñas empresas. Creo que una persona que tiene el valor de emprender y crear su propio proyecto, en el que cree y con el que siempre ha soñado, merece que su producto llegue.

En mi búsqueda del champú sólido perfecto, con el añadido de que he decidido dejar de usar SLS y SLES (sulfatos agresivos) en mis productos de higiene personal, decidí investigar en el maravilloso escaparate que son las redes en busca de un proyecto artesano y con alma que mereciera la pena probar. Y después de mucho bichear, llegué al proyecto de Rosa, Jazmín y Azahar, y me enamoré de la sencillez de sus productos y del mimo que ponía en cada detalle, por supuesto habiendo investigado sobre ingredientes y habiendo quedado satisfecha con lo que leía.

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Aprovechando que la marca, que se vende a través del e-commerce Dawanda, tenía gastos de envío gratis hasta el 21 de septiembre, decidí hacer mi primer pedido: el champú Mediterráneo (indicado para fortalecer y evitar la caída) y el acondicionador sólido dulce final (indicado para cabellos finos).

Fue toda una sorpresa la rapidez del servicio, ya que recibí el paquete en mi casa en apenas dos días y todo en perfecto estado, además de que pude pagar con Paypal, lo cual para mí es un plus. El equipo de Jazmín y Azahar, además de haberlo empaquetado todo con mucho mimo, tuvo el detalle de añadir una muestrecita de otro de sus champús sólidos: Exótico.

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Después de haberlo probado todo tengo que decir que mi veredicto es 10/10. Acerté de pleno con mi elección, ya que van perfectos para mi tipo de pelo (fino, con tendencia a engrasarse y a la caída).

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El champú Mediterráneo tiene un delicioso aroma mentolado y deja una sensación muy agradable de frescor. Hace mucha espuma y no enreda nada el pelo (algo que no suele ser habitual en los champús sólidos).

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El acondicionador Dulce final para cabello fino, por su parte, es algo más difícil de trabajar, pero una vez aplicado hidrata con sobresaliente (lo sé porque con él se me definen los rizos más que con cualquier acondicionador normal) y no apelmaza nada.

Después de haber quedado tan conforme con los productos y el servicio, decidí ponerme en contacto con la marca para poder traeros información de primera mano y que pudierais conocer a la persona detrás del proyecto: Rosa. Aquí tenéis una pequeña entrevista que compartimos. ¡Espero que os guste!

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¿Cómo surge Jazmín y Azahar? ¿Cómo ha evolucionado?

Jazmín y Azahar Artesanía Natural (con el nombre de mis flores preferidas por su aroma y propiedades) nació para dar a conocer productos naturales respetuosos con nosotros mismos y con nuestro planeta, aprovechando lo que la naturaleza nos brinda.

¿Quién hay detrás de Jazmín y Azahar? ¿Qué os motivó a crearlo?

Detrás estoy yo, Rosa, formada en naturopatía, cosmética natural y aromaterapia, y actualmente somos dos al frente de este proyecto.

¿Cuáles son la filosofía y valores de Jazmín y Azahar?

Por conciencia con el medio ambiente, elaboramos productos sólo vegetales (nada de origen animal) libres de crueldad animal, sin aceite de palma y totalmente biodegradables. Los hacemos en pequeños lotes para asegurar así sus propiedades intactas cuando llegan al cliente. Usamos aceite de oliva virgen extra de cercanía (del pueblo de al lado) para elaborar nuestros jabones con el método de saponificación en frío y los extractos de plantas de cultivo ecológico (muchas de nuestro jardín) que les añadimos, así como otros aceites vegetales y esenciales puros, también en su mayoría  de cultivo ecológico, que han pasado estrictos controles que aseguran su alta calidad.

¿Cómo funciona Jazmín y Azahar? ¿Cómo vendéis? ¿Hay puntos de venta físicos?

Actualmente sólo tenemos tienda online (en Dawanda) y varios puntos de venta físicos en Sevilla, Asturias, Valencia y Barcelona.

¿Cuál es el producto estrella?

Nuestro producto estrella es el champú sólido, totalmente biodegradable, elaborado con un tensioactivo muy suave derivado del coco, sin sulfatos y con plantas, extractos, aceites vegetales y esenciales. Ya contamos con diez referencias, una para cada tipo de cabello. Surgió de la necesidad urgente de quitar cuantos más envases posibles de nuestro planeta, para apostar por una cosmética cero residuo, más ecológica, respetuosa y práctica, porque apenas ocupan espacio y puedes llevarlos a cualquier sitio.

También hemos sacado dos acondicionadores sólidos, uno para cabellos más finos y otro más nutritivo para los cabellos más gruesos, rizados y/o secos, sin sulfatos, sin tóxicos, totalmente vegetales y biodegradables que están teniendo muy buena aceptación.

Productos top ventas: Exótico, seguido de Mediterráneo, Sabrina y Ghassoul.

¿Qué os planteáis para el futuro?

Para un futuro próximo nos planteamos elaborar más productos en versión sólida (estamos en ello) y poder tener nuestra propia tienda física. 

 

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¡Y esto ha sido todo! Espero que os haya gustado esta introducción a Jazmín y Azahar y que hayáis encontrado toda la información necesaria para conocer sus productos y, sobre todo, para descubrir este proyecto artesanal creado en España.

Muchísimas gracias a Rosa y al equipo de Jazmín y Azahar por prestarse sin reparos a concederme esta pequeña entrevista, por su tiempo y dedicación.

¡Seguiremos informando!

10 cosas que ya no compro (o casi)

Uno de los motivos por los que el minimalismo se vuelve valioso para ti como persona es porque te muestra “un mundo nuevo”: el remanso de paz que tu casa siempre pudo ser sin unos cuantos objetos de más. Y cuando alcanzas ese punto, créeme que no quieres perderlo. Por eso te vuelves más consciente del espacio que ocupa hasta el más mínimo objeto, aunque esté guardadito, porque conoces el resultado, visualizas el “antes” de esa leonera a la que llamabas hogar y que ya en nada se parece a tu pequeño oasis.

Desde que mi espacio está más despejado y el tiempo que necesito dedicarle es menor, disfruto más de mi hogar y del tiempo que paso en él. Ha ganado valor. Me he dado cuenta de que un objeto es, en cierto modo, una responsabilidad, porque si bien cumple una función en tu vida, también requiere parte de tu tiempo. Por eso ahora me lo pienso dos veces antes de comprar cualquier cosa, siendo realista conmigo misma sobre si voy a darle uso o no, ya que en caso negativo supondrá una pérdida de tiempo a posteriori.

En este proceso he dejado de comprar muchas cosas que en su momento entraban en la categoría de “caprichos” (hasta mi concepto de “capricho” ha cambiado con el tiempo) porque, si bien me resultaba gratificante la compra en sí, luego eran objetos que solo acumulaban polvo y generaban ruido visual que no quería en mi casa. Estas son las 10 cosas que ya no compro (o casi) desde que llevo una vida más minimalista.

  1. Material de papelería

Quizá influye que ya no estudio y que no necesito este tipo de material en mi casa, pero siendo sincera cuando estudiaba me compraba material de papelería cada año por capricho, no por necesidad, y las agendas se quedaban casi vacías, y usaba una décima parte de lo que había comprado. Siempre tuve debilidad por las libretas, mucha, por eso me resistía a dejar de comprarlas. Pero fue cuando empecé a darme cuenta de que tenía una cantidad considerable de ellas acumulando polvo cuando le puse fin. La realidad es que ahora funciono perfectamente con dos libretas (que podrían reducirse a una) un estuche con algunos bolis (que podría reducirse a dos bolis) y una carpeta donde guardo mis documentos importantes y algunos folios por si acaso (que podría reducirse a formato electrónico).

  1. Souvenirs

Esto ya lo explicaba en mi entrada Minimalismo y viajes. Hace ya tiempo que mis souvenirs se reducen a una postal y, en muy contadas excepciones, a un pequeño detalle. Comprar souvenirs en cada lugar que visitaba era en el fondo también un capricho y ese objeto no cumplía ninguna función más allá de hacerme feliz en el momento de comprarlo. Luego acumulaban un espacio innecesario y me arrepentía de haberlos comprado, y muchas veces hasta me olvidaba de su existencia. Siempre he preferido las postales y las fotos, que para mí son el mejor recuerdo.

  1. Accesorios

Salvo en breves momentos de mi adolescencia, nunca he sido muy de ponerme accesorios. Sinceramente porque me da pereza, y en muchas ocasiones me siento recargada cuando me los pongo. No son para mí. Muchas veces me fijaba en algún pendiente o collar, lo compraba (a veces pueden llegar a ser objetos muy caros, aun siendo bisutería) y la realidad es que se quedaban en una cajita y no los usaba, así que decidí dejar de comprar tanto pendientes, collares, anillos, como pañuelos, accesorios para el pelo, etc. Solo lo básico dentro de lo que ya tenía.

  1. Películas y cds

Nunca he comprado demasiadas películas ni cds, de hecho la mayoría que tengo han sido regalos, pero como siempre se convertían en un objeto más que guardar y para mí lo natural fue pasarme definitivamente al formato digital y las aplicaciones en streaming, además de lo más cómodo.

  1. Revistas

En su momento me encantaba comprarme revistas, pero con el tiempo llegué a aborrecer lo banal y, en muchos casos machista (esto da para otra entrada) de muchas publicaciones que leía. Me resultaban lecturas que no me aportaban nada, que leía una vez y se quedaban en el armario para nunca más salir.

  1. Artículos de decoración

Una parte de mí siempre ha tenido el minimalismo dentro, y uno de los motivos por los que lo sé es que mi concepto de “objeto decorativo” siempre tenía que implicar una utilidad práctica. Jamás compré por mi propio pie un mero ornamento, sino que cuando quería darme un capricho porque me mudaba y decoraba un espacio nuevo, pensaba en elementos que tuvieran algún fin, normalmente el almacenaje. Sigo aplicando ese enfoque.

  1. Cojines

Esta es una guerra que empezó mi novio, jaja. La verdad es que a mí los cojines me gustaban pero no me daba cuenta de que la realidad es que muchas veces acababan en la silla de al lado de la cama, que ni siquiera los usaba para apoyarme, sino como mera decoración al hacer la cama, así que dejé de comprarlos y a día de hoy no tengo ninguno y no los echo de menos.

  1. Bolsos

Nunca me gustaron especialmente los bolsos, pero de vez en cuando sí que me encaprichaba de alguno. Ahora me van más las mochilas, pero en mi día a día no tengo momentos de usarlas. Siempre he sido muy práctica y acababa quedándome con los bolsos que me resultaban más cómodos, normalmente pequeños y muy básicos. Al final reduje mi “colección” a tres bolsos y uno de fiesta (que solo he usado una vez, de hecho) y aun así de ellos solo uso uno en los meses fríos y otro en verano. Este invierno di un paso más y probé la vida sin bolso, gracias a la adquisición del siglo, un abrigo todoterreno con unos bolsillos enormes. Y fue la mejor decisión de mi vida: el peso de lo que normalmente llevaba colgado al hombro iba repartido en dos bolsillos y no tenía que preocuparme de dejarme nada olvidado por ahí. No pienso volver atrás, jaja.

  1. Maquillaje

Este es el “casi” de mi lista, porque aquí sí que hago trampas. Hace unos años me dio muy fuerte por probar maquillaje nuevo y llegue a reunir una colección considerable. Al final lo de siempre: en mis cinco minutos diarios solo usaba lo básico y lo demás se quedaba acumulando polvo. Dejé de disfrutar de maquillarme más a fondo para pasar a verlo como una pérdida de tiempo, por eso reduje mi colección dejando algunos elementos extra para ocasiones especiales, y nunca he echado nada en falta. Ahora me limito a comprar lo que se gasta, lo que siempre uso (máscara de pestañas normalmente) aunque la mayoría de estos productos sé que durarán años y años hasta que se acaben (¿alguien ha terminado un colorete o un labial?).

  1. Tazas

Y por último, otro objeto que también me encantaba pero del que me “desencapriché” al vivir en un sitio pequeño y descubrir que cada pequeño hueco realmente cuenta. Me siguen encantando las tazas pero ahora prefiero tener una pequeña selección de mis favoritas en lugar de un armario entero lleno de ellas.

¿Y vosotros, hay algo que hayáis dejado de comprar? Contadme.

Seguiremos informando.

La vida tranquila

La vida tranquila. La imagen mental que tengo de este concepto es mi oasis favorito para perderme cuando no puedo más.

Cada vez que visito a mis abuelos, que viven en una pequeña aldea perdida en Extremadura, en un pueblecito en el que pasé gran parte de mi infancia, correteando por el campo, totalmente en la naturaleza… Cada vez que vuelvo allí se me remueve algo dentro. Me invade un sentimiento extraño. La paz que desprende la vida allí, sin florituras, con lo justo para vivir, sin grandes quehaceres diarios, disfrutando del olor del campo, de las gentes de toda la vida, de lo cotidiano, lo hogareño y lo simple.

Esa pequeña dosis de vida sencilla, casi a cuentagotas, me hace sentir rara. Me hace replantearme si la escala de prioridades de mi vida, la distribución de mi tiempo, es la correcta.

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Un poco como cuando en las películas una persona, en un momento crítico, se da cuenta de que las preocupaciones por trabajo, dinero, estudios, y comodidades superfluas le han estado distrayendo de lo verdaderamente importante: lo sencillo, el bienestar, el aquí y el ahora.

Mi dilema vital es siempre el mismo: encontrar el equilibrio en esa balanza en la que a un lado tengo mi hambre por crecer laboralmente, y al otro tengo la tranquilidad y la necesidad de disfrute de las cosas sencillas. Habitualmente mi balanza se hunde hacia el primer lado, bajo tierra diría yo. Y no es que me deje llevar por el día a día, por la mecánica de trabajar para vivir. Es que en el fondo me gusta hacerlo, es una decisión consciente que tomo todos los días, porque tengo tanta hambre, tanto que hacer, que aprender y descubrir… que no concibo parar en seco para simplemente disfrutar del ahora.

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Pero entonces llegan las vacaciones de verano, cuando me alejo de mi rutina de siempre, lo veo todo con perspectiva, y me invade el mal de la vida tranquila. De esa que no tengo y que me falta. Y cuando me quiero dar cuenta estoy curioseando hacía el otro lado de la balanza para ver qué es lo que me ofrece, qué tiene para mí, y se me derrumba mi castillo de arena.

No sé si algún día encontraré el equilibrio dentro de esta balanza, no sé si llegará un día en el que me arrepienta de mis decisiones, pero de momento seguiré explorando.

Seguiremos informando.

Cantidad y calidad en las redes sociales

Hoy quiero hablar de redes sociales, de crecimiento, de números y, sobre todo, de personas. Hace poco recibí un mensaje que me hizo reflexionar. Una persona me escribió muy ofendida quejándose de que la había seguido para después dejarla de seguir. Y era cierto. Pero no era cierto. Era una cuenta que, efectivamente, seguí, y que, después de no tener interacción alguna, dejé de seguir. Porque sí, he utilizado la estrategia de seguir a gente en masa para ganar seguidores. Pero no, no la he utilizado. No me echéis a los leones todavía, que me explico:

La polémica de los métodos no demasiado lícitos para ganar seguidores es un tema candente en las redes sociales que nunca pasa desapercibido. Ya habló Noe de lavienoëlle hace poco de ello en esta entrada. ¿Qué es lícito y qué no es lícito? ¿Comprar seguidores? ¿Seguir en masa?

Empecé este rincón hace solo dos meses. Y lo empecé como un proyecto aislado de mis redes personales, como algo nuevo, desde cero. Y por supuesto lo primero que hice fue seguir a personas cuyos blogs y perfiles me interesaban, buscando interacción, conexión. Y sí, también seguí a gente en masa buscando personas con las que conectar. No con el objetivo de seguir y dejar de seguir a los cinco minutos.

En ese proceso de seguir a gente en masa acabé conociendo a personas con perfiles muy afines a mi contenido, con las que he conectado, y que probablemente no hubiera conocido de no haber “seguido en masa”. Pero llegó un momento en el que vi que había tanto ruido en mi feed, tantas publicaciones, que se me escapaban muchas. Y no quería eso, yo quería encontrar personas con las que compartir, de las que aprender y con las que entablar una conversación sobre temas en común. Por eso, llegado un punto, decidí hacer limpieza masiva de seguidos. Y desde entonces consigo leer mayor cantidad de publicaciones y optimizar más el poco tiempo que puedo dedicar a bucear en las redes sociales. (Y sí, también he perdido muchos seguidores, pero mientras alguien me lea, si me lee de verdad y de corazón, no me importa).

Menos ha resultado ser más. Porque si bien todos buscamos que nuestro contenido consiga alcance y crezca, a mí me pesaba más la calidad que la cantidad, y me sigue pesando, si no, mala minimalista sería.

Empecé este proyecto porque quería escribir, simple y llanamente. Quería convertir en palabra escrita todos aquellos pensamientos que me rondaban la cabeza, todas esas ideas sobre los temas que me apasionan y con los que se me ilumina la mirada cuando hablo con la gente de ello. Quería compartir, nada más. Pero obviamente compartir si tu cuenta tiene cero, ¿de qué sirve?

Soy consciente de que quizá me estoy metiendo en un jardín hablando sin tapujos de este tema y reconociendo abiertamente que he seguido en masa. Pero, ¿soy la única? ¿Es ilícito si el objetivo es conectar con personas? Contadme, me gustaría crear debate.

Seguiremos informando.

Productividad para vagos en 3 sencillos pasos

(Tres consejos, porque, como dice el título, vaga soy un rato. Y si puedo resumir en tres puntos la información, para qué voy a escribir más, jaja). Bueno, pongámonos serios: si hay algo que tengo que destacar de mi persona es que soy una friki de la productividad. O-D-I-O hacer algo en cinco pasos si lo puedo hacer en tres. No hay cosa que me dé más coraje que desaprovechar recursos y oportunidades porque, con lo ajetreada que es la vida de por sí, qué queréis que os diga, yo valoro muchísimo el tiempo, mis momentos para mí, para ordenar mis ideas, desconectar la mente un rato, porque si no peto, colapso, kaputt. Y oye, porque también soy de esas que si pueden alargar los minutos de sueño lo hago. Por todos estos motivos titulo esta entrada productividad para vagos: porque sí, se puede ser vago y productivo, una cosa no quita la otra, amigous.

  1. Haz listas (y táchalas). Pero no te pases: Las listas son algo así como la regla básica de la organización. A priori puede parecer lógico: tengo que hacer algo, lo apunto para que no se me olvide, en mi cuaderno de siempre, ese que ya estoy acostumbrada a mirar cada día. Porque lo que se apunta ahí no puede olvidarse. Peeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeero. Pero. Hay un pequeño problema: el proceso en sí de hacer una lista no es productivo. ¿Por qué? Porque en lugar de trabajar en la tarea, que es el objetivo, estamos añadiendo un paso extra, o más bien dos: apuntarlo, y luego tacharlo (qué gustito). Y eso, productivo productivo, no es, al menos no desde mi prisma de obsesa de la productividad y vaga. Pero por supuesto que es necesario, sobre todo en épocas en las que estamos a mil cosas y se nos puede olvidar algo. Hasta ahí sí, pero una vez que tengamos interiorizado eso que solíamos anotar, el proceso de escribirlo se convierte en la antítesis de la productividad. Pasamos de nivel. Digievolucionamos.
  2. Alterna trabajo creativo y mecánico: este punto para mí es la clave del éxito. En mi trabajo es esencial, ya que hay un componente muy creativo en mi día a día, pero también tengo una parte mecánica. El trabajo creativo, por muy guay que suene (que lo es) también tiene un contrapunto, y es que llega un momento que tu cerebro suplica piedad, te dice que no, que hoy no es el día, que please stop. ¿Y qué haces? ¿Qué haces en ese momento? ¿Te tiras por la ventana? ¿Lloras? La mejor opción es aprovechar ese bloqueo creativo, ese momento en el que la mente te pide un descanso, para hacer tareas de las que puedes encargarte en modo automático, casi sin pensar. De esa forma avanzas, te quitas cosas de encima, y de paso descansas la mente para volver a la carga en mejor forma. Ejemplos: contestar mails cortos, tareas de casa.
  3. “Los marrones cuanto antes mejor”, también conocido como “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. (Salvo que veas que tu señor cerebro no sabe hilar una palabra con otra. Entonces igual es mejor que lo dejes para mañana). Aquí viene el punto del que nunca queremos hablar: los marrones, brownies, browns, regalitos, sorpresitas, etc. Esos imprevistos que aparecen por arte de magia y que te pueden cortar las venas el ritmo de máxima productividad porque llegan siempre sin avisar, y no dependen de ti, no estaban previstos, no tienen su hueco definido en tu día. ¿Cómo se hace frente a un browniebrown? Pues la respuesta es simple: cuanto antes mejor, como las tiritas. De golpe, sin pensar, sin que duela, te lo quitas del medio y a otra cosa. Y todo sigue según lo previsto.

¡Y hasta aquí la entrada de hoy porque me da pereza seguir escribiendo!

Seguiremos informando.

25 cosas que aprendí en 25 años

¡Buenos días de viernes! Qué felicidad siente uno cuando llega el viernes y la semana da sus últimos coletazos para dar paso al descanso y el disfrute del fin de semana, incluso en esta semana que hemos tenido dos fines de semana y dos lunes consecutivos. Benditos y malditos festivos.

Por mi parte hoy me voy de merecido fin de semana con mis amigas, lo cual es un milagro, porque cuadrar agendas en la vida moderna es… ¡una odisea! Pero por fin vamos a disfrutar de unos días juntas en Córdoba, y va a ser mi primera estancia en la ciudad, ya que no he tenido el gusto de visitarla anteriormente. Por lo demás… he estado totalmente ausente de estos lares, pero como ya he comentado, estoy en pleno proceso de mudanza, y si a eso le sumamos las obligaciones diarias de una jornada de trabajo que termina casi a las 20:00 y bueno, también la vida social y las tareas marujiles… pues los jugos cerebrales no dan para más, ni la masa muscular, que la tengo pa’l arrastre, necesito gimnasio…

Sin embargo no hay día que no piense en que tengo varias entradas pendientes de leer y comentar, y varios comentarios que responder, y shame on me, lo sé, pero espero que me comprendáis.

Bueno, a lo que iba, que me voy por las ramas… esta última semana no he estado muy creativa por el cansancio y el jaleo, así que aprovecho para hacer una entrada que ya tenía pensada porque la he visto en otros blogs y me ha parecido muy interesante. En concreto me encantó la versión de Sandra, de Minimalist Life, que por cierto os recomiendo encarecidamente visitar su blog, para mí ha sido todo un descubrimiento. Cuando la leí no pude evitar sentirme identificada en muchísimos puntos y pensé que me gustaría subir mi versión de “25 cosas que he aprendido en 25 años”.

Estoy a dos meses y medio de unirme al club de los 26, así que creo que es buen momento para reflexionar sobre estos años, ¿no? Allá vamos:

  1. Es más importante empezar que hacerlo perfecto. Y lo pongo en el número 1 porque, cuando una entrada se divide en listas parece que el primer punto debe escogerse a conciencia, debe ser algo crucial, y no pasa nada, realmente el objetivo del primer punto es empezar, nada más. ¿Perfeccionistas anywhere?
  2. Siéntate erguida, en serio. La espalda sufre con el tiempo, vaya que sí.
  3. No tengas tanta prisa, de verdad, vas a llegar a la meta igual y no hace falta que te ahogues por el camino.
  4. El 80% de un miedo se supera dando un paso para superarlo. No hace falta que vayas con todo, solo hace falta que des el primer paso y después todo es más fácil. (De hecho, has sido capaz de conducir en Madrid, ¿quién te lo iba a decir?)
  5. Al hilo de lo anterior, el 80% de lo que te impide hacer algo es esa idea tan rígida que tienes de que no puedes hacerlo.
  6. Ayudar siempre que te es posible no es lo mismo que anteponer el bienestar de los demás al tuyo. Pon límites, por favor.
  7. No te empeñes en definirte por una etapa que estás pasando, ni por un sentimiento, ni por un aspecto de tu vida. No eres eso.
  8. Da igual lo que te obceques en conseguir algo: va a haber muchas veces en tu vida en las que las mejores oportunidades sean un golpe de suerte. Es así.
  9. No pasa nada por cambiar de idea, ni por cambiar como persona. Lo raro sería lo contrario.
  10. Ve al dentista. En serio.
  11. No tienes que tenerlo todo bajo control. Nadie lo tiene, y no pasa nada.
  12. La ansiedad social termina donde empiezas a quitarle importancia a cada palabra que dices. En serio. Nadie está cien por cien pendiente de ti ni se acuerda de eso que dijiste o hiciste aquella vez.
  13. Deja de dar por hecho que todo el mundo es buena persona.
  14. Escoge bien tus batallas. Algunas no merece la pena lucharlas porque nunca se arreglarán.
  15. Al hilo de lo anterior, no intentes salvarle la vida a nadie. No eres una superheroína.
  16. Mostrarte vulnerable no te hace débil.
  17. Compartir una preocupación con alguien le resta el 70% de su peso.
  18. Que te apasione tu trabajo está muy bien, pero recuerda guardar siempre tiempo para ti y lo que te gusta.
  19. Queda más con tus amigos, no te distancies.
  20. Es el tópico más manido de la historia, pero es verdad: se irá de tu vida mucha gente que tenía que irse, y también se irá gente que querías que se quedase… pero tiene que ser así.
  21. No dejes que el miedo a volar te impida seguir viajando. Y menos teniendo siempre unas manos tan especiales que estrujar en cada despegue.
  22. Hay amistades tan especiales que superan distancias, etapas y religiones.
  23. No te creas que ya lo sabes todo. Hay tanto que aprender que puede que un solo día te cambie la vida por completo.
  24. Las copas no son lo tuyo. La cerveza es la clave.
  25. Tampoco hace falta terminar una lista con una frase lapidaria, perfeccionista. Aplícate el cuento, anda.

Seguiremos informando.