5 hábitos sencillos para reducir el uso de plástico

2018 se va en pocas horas y la Fundación del Español Urgente lo despide con su palabra del año: microplástico.

Esta noticia probablemente no os pillará por sorpresa. A mí tampoco. Llevamos mucho tiempo bombardeados de (malas) noticias sobre el (mal) estado de nuestros océanos, que según pronostican los últimos estudios, tendrán más plástico que peces dentro de 30 años.

El abuso que hacemos del plástico hace que sea imposible deshacerse de él. El problema no es solo que sea un material que tarda mucho en descomponerse, si es que llega a hacerlo, sino que en nuestras manos pasa a veces menos de un minuto (pensad en todo lo que viene en envoltorio grande y dentro en envoltorios individuales, por ejemplo). Nos hemos acostumbrado a un material de usar y tirar que no necesitamos en el 80% de los casos y que sin embargo nunca abandona nuestro planeta. De hecho, ¿sabíais que todos y cada uno de los cepillos de dientes que habéis usado desde que nacisteis siguen en el planeta sin descomponerse? ¿O que una pajita desechada cuando Colón descubrió América se habría descompuesto el año pasado?

Pero no vengo aquí a señalar con el dedo. Yo uso plástico, mucho más del que me gustaría, pero menos que hace unos años. Como todos los que me leéis, a mí no me sobra el tiempo. Vivimos a un ritmo frenético y actividades cotidianas como hacer la compra deben ser fáciles y ágiles en nuestro día a día. Y el problema es que lo cómodo no es lo más ecológico.

Hay un límite en el que me planteo que no solo yo como ciudadana debería preocuparme e invertir tiempo en ello, sino que quizá lo lógico sería que fuera mi país quien me lo pusiera fácil. Porque incluso en una gran ciudad como Madrid, en la que todo está al alcance de la mano, si yo quisiera que el 100% de los productos que compro fueran zero waste, tendría que invertir tanto tiempo en desplazarme a los pocos establecimientos dedicados en exclusiva a ello que me pueden ofrecer todo lo que busco, como dinero extra en algunos casos.

Sin embargo con los años sí que he ido tomando ciertas medidas que todos podemos tomar y que no cuestan nada. Las comparto con vosotros:

-Tened en cuenta que el momento clave en cuanto a la reducción de plástico es la compra. Es el momento en el que decidimos qué entra en nuestra casa, la raíz del problema, cuando realmente podemos evitarlo.

-Siguiendo la idea del punto anterior, un cambio muy sencillo es elegir productos en tarro de cristal siempre que sea posible, frente a los envases en brick o las latas, por ejemplo. El tarro podemos reutilizarlo o, en caso de deshacernos de él, será más fácil de reciclar que el plástico.

En mi caso, siempre compro el tomate frito en tarro (además en tarro siempre encuentro tomate frito sin azúcar, mucho más saludable y sabroso).

-Acudid a mercados locales siempre que sea posible para comprar productos frescos. Las fruterías te ofrecen la posibilidad de usar tus propias bolsas sin usar plástico (especialmente si son pequeños puestos en mercados en los que te atiende el tendero). A la hora de comprar carne también podemos reducir algunos envases, incluso llevando tuppers. Además en los mercados es fácil encontrar productos a granel, sobre todo legumbres, con lo cual podemos llevar nuestros tarritos y llenarlos. De este modo hacemos gran parte de la compra en un mismo establecimiento, lo que es cómodo y no nos supone tiempo extra.

Los objetos de plástico que más contaminan son precisamente los menos necesarios: si dejáis de utilizar pajitas, botellas de agua de plástico, vasos y cubiertos de usar y tirar y bolsas de plástico, estaréis ayudando muchísimo. No se trata de querer cortar de raíz el problema y obsesionarse, sino de hacer lo que podamos. En este caso estos cambios cuentan mucho y no cuestan nada.

-Y como último consejo: cuando compréis algo que venga en envase de plástico, intentad coged siempre el tamaño más grande. De este modo el producto os durará más y no estaréis desechando plástico tan a menudo, lo que también marca una gran diferencia. Además, al coger un tamaño grande siempre ahorramos dinero.

Todos podemos hacer algo y hasta el acto más sencillo cuenta. ¿Qué vas a poner en práctica este año?

Feliz salida y entrada de año. Nos leemos.

Seguiremos informando.

Anuncios

Me contrato

Sí, después de unas semanas de adaptación a mi nueva realidad, que es justo de lo que os vengo a hablar ahora, he sacado por fin un ratillo para pasarme por aquí (ya casi se me había olvidado cómo se escribía).

Ya he hablado de ello por encima en mis redes sociales, pero el caso es… ¡que por fin soy freelance! Sí, me he lanzado a la piscina, he empezado mi propio proyecto por fin, después de más de cinco años con la idea rondándome la cabeza.

Desde que empecé a estudiar y fui descubriendo mi campo profesional, la traducción, supe que quería ser autónoma. No sabía cuándo ni cómo, pero sabía que era mi objetivo a largo plazo, ese horizonte que no pensaba perder de vista.

Y ahora ya es una realidad. La verdad es que no me lo creo… Los comienzos obviamente son duros, y conseguir una buena cartera de clientes lleva su tiempo, aunque por suerte mi recorrido en plantilla me ha ayudado en este proceso.

El camino que me ha traído hasta aquí ha sido tortuoso. Llevaba algo más de un año con un sentimiento constante de desmotivación, de no estar en el sitio adecuado. El que ha sido mi trabajo en los últimos dos años, pese a haber sido tremendamente enriquecedor en todos los aspectos, me ha absorbido hasta la última gota de energía. Un horario partido que no acaba nunca, miles de tareas que gestionar, y por un sueldo muy por debajo de lo que sería justo fue un cóctel radiactivo que fue acabando conmigo poco a poco. Y no paraba de pensar “tiene que haber otra manera”. Me desesperaba tener que estar de cuerpo presente en una oficina, físicamente, tantísimas horas al día, para hacer un trabajo que no requería de lo presencial en ningún momento. Me agotaba acabar haciendo más trabajo del que me correspondía porque no era capaz de ver cómo un proyecto perdía fuerza.

Pero claro. La comodidad del sueldo a final de mes. De las vacaciones pagadas. El esperar al momento perfecto para dar ese paso, con argumentos como “voy a ahorrar esto y entonces me lanzo”, “voy a esperar a aprender esto y entonces me lanzo”. Spoiler: nunca es el momento perfecto para lanzarse, nunca tienes la suficiente estabilidad económica ni te sientes lo suficientemente preparado, pero por una sencilla razón: cuando llegas a ese momento que te habías marcado como el adecuado para empezar algo, tú has evolucionado y quizá entonces tu concepto de sentirte preparado sea otro, más lejos, más adelante.

Es por eso que en cierto modo la situación se precipitara al recibir una noticia que no me esperaba, y tuviera que lanzarme al vacío. La verdad es que han sido unas semanas curiosas. No dejo de trabajar pero no me siento estresada como antes. De algún modo trabajar en mi propio proyecto me da una paz que nunca he conocido. Poder disfrutar de mi casa mientras trabajo hace que todo sea más llevadero y, aunque también hay aspectos complicados como buscar clientes, esperar correos, gestionar la incertidumbre… Supongo que tenía tantas ganas y tanta ilusión de que llegara esto que soy tremendamente feliz aun con los días malos.

Sed valientes y lanzaos a por ese sueño. Quizá no sea tan descabellado como pensáis. O quién sabe, a lo mejor ese sueño os está acechando y os alcanza antes de que vosotros os lancéis a por él.

Seguiremos informando.

Receta flash: El champú más fácil del mundo

¡Hola, hola! Con esta entrada inauguro la sección Recetas Flash, pensada para compartir recetas de cosmética casera en formato rápido y sencillo.

La primera receta es de champú líquido, el primer producto casero que elaboré y cuya fórmula me ha gustado tanto que la he repetido. Si tuviera que ponerle una pega es que queda completamente líquido, porque el tensioactivo que uso es líquido. A la próxima probaré con otro más espeso, porque por ahora mis intentos de espesar con agar-agar y otros métodos caseros no han dado buenos resultados.

IMG_5789

El champú que os traigo es a base de infusión de romero, y como aceite esencial he escogido la naranja, porque personalmente adoro la combinación herbal y cítrica, pero esto es a gusto del consumidor, y podéis escoger vuestra infusión favorita y vuestro aceite esencial predilecto.

Ingredientes:

-Romero

-Agua

-Aceite esencial de naranja

-Aceite esencial de romero

-Betaína (tensioactivo)

-Ácido cítrico (conservante)

-Vitamina E

-Colágeno marino

-Proteína de seda

-1 envase que te resulte cómodo (personalmente mis favoritos son los de jabón de manos, por el dispensador).

IMG_5777

Preparación (apenas 5 minutos y está chupado):

-Prepara la infusión de romero con antelación y déjala reposar unos 20 minutos.

-Cuélala y échala al envase hasta llenar ¾ del total de su capacidad.

-Añade el cuarto restante de betaína.

-Ahora es el turno de todo lo demás:

  • Añade unas 20 gotitas de aceites esenciales (en mi caso puse 15 de naranja y 5 de romero, porque el segundo tiene un aroma mucho más fuerte)
  • Añade los mejorantes (vitamina e, proteína de seda, colágeno). Si tienes jeringuilla, añade alrededor de 0.4 ml de vitamina e y proteína de seda, ya que son en formato líquido. El colágeno marino es polvo, añade una o dos puntitas de cuchillo.
  • Finalmente, añade una o dos puntitas de cuchillo de ácido cítrico, que ayudará a que el producto se conserve.

-Solo te queda agitar para que todo se integre y dejarlo enfriar en la nevera. Una vez frío, ¡listo para llevar a la ducha!

IMG_5782

¿Qué os ha parecido? ¡Es muy fácil! Prácticamente como cocinar, y no se tardan ni cinco minutos una vez tenemos la infusión lista.

Por supuesto, es una receta base totalmente customizable. Podéis cambiar la infusión por manzanilla, té verde, agua de rosas, agua de azahar… ¡lo que se os ocurra! Y utilizar el aceite esencial que más os guste o que tengáis a mano, también dependiendo de las necesidades de vuestro pelo.

Os cuento también que, una vez hecho, le medí el ph al champú y está perfecto, en un 5.5, con lo cual es ideal para uso habitual.

Como ya os comenté, podéis adquirir todos los ingredientes en Cosmética Natural Casera Shop, y los aceites esenciales también los tenéis en herbolarios y en Primor muy baratitos, los míos de hecho son todos de allí, de la marca Arganour.

Dentro de poco os traeré una “lista de la compra” con los productos básicos para empezar a trastear con la cosmética natural ¿Os parece buena idea?

Bueno, por hoy me despido. ¡Mil gracias por leer!

Seguiremos informando.

Un verano para reconectar

¿Es cosa mía o este ha sido el verano más corto de la historia? En serio, no lo he visto pasar.

Hoy me apetecía compartir una entrada algo más personal, estilo diario, de las que tanto me encanta leer. Y es que este verano ha sido importante en mi vida de muchas maneras, y quiero compartirlo, sobre todo desde el punto de vista de pensamientos y sensaciones, ya que más adelante compartiré una entrada viajera con más detalle.

Os pongo en antecedentes: A principios de mayo hubo un cambio importante en mi entorno laboral que me afectó directamente y me vino un aluvión de responsabilidad todo de golpe. Básicamente todo el período de mayo a agosto fue un flashazo para mí, es como si no hubiera sucedido. Fueron dos meses de ordenar conocimientos nuevos, adaptarme a tareas nuevas y, sobre todo, responsabilidades.

Quería aprovechar al máximo esa transición y me enfoqué tanto en ese aspecto de mi vida que me olvidé de mí. Os podéis imaginar cómo llegué al ansiado 3 de agosto, el día en que empezaban mis vacaciones.

Ha sido el primer año desde que trabajo que me pido tres semanas de vacaciones, pero es que me sentía absolutamente agotada mentalmente y lo necesitaba.

Poco a poco me voy conociendo a mí misma y detecto cuando llego a mi límite de saturación porque hace que me abrume y no sepa ni pensar. Así estaba.

IMG_20180821_173725.jpg

Realmente no tenía planes para el verano: económicamente hubo muchos gastos los meses anteriores y no podíamos permitirnos gran cosa, pero estaba claro que los días de rigor en País Vasco y Extremadura (visitando a mi familia) iban a estar en la agenda.

El domingo 5 de agosto pusimos rumbo a Vitoria, donde pasamos una semanita en el más absoluto relax (aunque la ciudad no estuviera precisamente relajada porque eran fiestas). Lo único malo es que no hizo tanto fresquito como cabría esperar, y eso fue un bluf (nuestra escapada norteña de cada verano la hacemos principalmente para HUIR de cualquier temperatura superior a los 28 grados).

Nuestros días se resumieron en pintxos, cervecitas y helados (BREDA, TE AMAMOS). En este tipo de escapadas nunca me acuerdo de hacer fotos porque estoy enfocada en el momento, y porque no me arreglo lo más mínimo, de hecho me he pasado el 90% del verano con gafas y cara lavada… y tan feliz.

Pero hubo un día que sí hice fotos, porque encontramos un mini parque que tenía una secuoya y me emocioné. Ya me pareció que tenía una pinta rara la secuoya, pero yo emocionada igual. Al día siguiente busqué en Google y descubrí que el árbol centenario llevaba años muerto. Decepción.

Otro momento destacable fue una escapada que hicimos a un pueblo de Burgos llamado Pancorbo. Es un pueblecito en medio de la montaña, literalmente, que siempre me llamaba la atención. Decidimos dedicar una tarde en recorrerlo con familia y perretes y… (el resto de la historia aquí).

Siguiente parada: Madrid. Repostamos una noche en casa, lavamos ropa, y otra vez a la carretera, esta vez a Extremadura. Cuando digo Extremadura os hablo de un pueblo de 100 personas en medio de la nada, que para mí es lo más parecido al paraíso.

¿En qué consiste nuestra semana allí? En pasarnos el día a remojo en la piscina de casa, leer en la hamaca, abrazar mucho a mis abuelos, reírnos, tomar cañas en familia, y pasear no antes de las 20:30 porque el tiempo no lo permite.

Aunque este año nuestra semana campestre se truncó un poco porque D. tuvo que volver a Madrid por una emergencia, el tiempo que pasamos allí lo disfrutamos muchísimo, cargamos pilas y comimos moras entre paseo y paseo, como os cuento aquí.

Ah, pero esperad… Me he olvidado de un detalle. Y es que desde que comenzaron las vacaciones yo tenía un pensamiento recurrente que me rondaba la cabeza: hacer mi primer viaje sola. Me daba cosilla, pero tampoco podía dejar de pensar en ello. Y justo cuando estábamos de camino al pueblo, vi una oferta de vuelo y reservé todo. Salía en apenas unos días.

Así que la calma del pueblo también se vio condimentada con una pizca de nervios y mariposillas en el estómago de esas que solo sientes cuando vas a hacer algo por primera vez.

Vuelta a Madrid, 21 de agosto. Noche en casa y el 22 sale mi vuelo de madrugada. No duermo nada, estoy muerta de miedo y a la vez ilusión. Se me pasa todo cuando aterrizo en Glasgow. ¡Sí, Escocia! Qué pasada. Habrá una entrada específica con todos los detalles, pero os cuento que los días que me quedé en el país se me hicieron cortísimos y me llevo una estupenda experiencia, de la que destaco el volver a conectar conmigo misma, escuchar mi cuerpo y mi mente. Reconectar. Justo lo que había perdido en los meses de antes.

Volví a Madrid, a casa, el 25 de agosto con las pilas cargadas, la mente despejada y las ideas más claras que en mucho tiempo. El lunes 27 me tocaba volver a la oficina después de esas tres semanas que se me antojaban tres días, pero que irremediablemente habían pasado y, sorprendentemente, no me dio pena porque sabía que había aprovechado el tiempo y había conseguido lo que necesitaba: volver a conectar conmigo misma.

Seguiremos informando.

Para ser minimalista, piensa en tus abuelos

Hoy os vengo a hablar del minimalismo desde el punto de vista de la reutilización, a.k.a. el arte mejor dominado por todos los abuelos del mundo.

Pensad en un pasado remoto en el que la oferta de bienes era un cuarto o menos de lo que conocemos hoy. Por no hablar de comprar: el proceso de compra no existía de una manera tan artificiosa como lo conocemos ahora. En la época de nuestros abuelos se consumía de una forma más simple. No vivían rodeados de una tienda en cada esquina, sino que tenían unos cuantos locales de confianza en los que aprovisionarse de las necesidades básicas. Las compras no respondían a un deseo, sino a una necesidad. Era una transacción simple. Necesito, compro, uso.

Entonces el famoso granel que tan de moda se está poniendo ahora era, muchas veces, lo que había, porque el plástico no se había implantado tanto en nuestras vidas, y el tendero no tenía ningún problema en envolverte la compra en periódico, en rellenar tu tarro, o el recipiente que fuera, porque es como se hacía. Lo que se tenía en casa se aprovechaba, uno se planteaba varias veces qué más provecho le podía sacar a ese bote vacío, ese trapo roto, y tirar no era algo que se hacía tan a la ligera. Os puedo decir que en casa de mis abuelos rellenan el mismo bote de Cola Cao desde hace… ¿toda mi vida? Aunque lo rellenan de Nesquik, pero ese es otro tema. Para mí ese bote, cada vez que lo veo, es la definición misma de reutilizar. Esa, y cuando me traigo huevos de las gallinas cada vez que les visito y mi abuelo nunca se olvida de recordarme “por favor, tráeme la huevera de vuelta”. Reutilizar, reutilizar, reutilizar.

IMG_5654

El minimalismo se puede ver desde varios prismas:

-El de la reducción, que viene muy bien al principio, cuando el exceso de COSAS te nubla la vista.

-El del consumo, que es para mí el más clave de todos, ya que es en el momento de la compra en el que traemos nuevos productos a casa y en el que realmente tenemos el poder de decidir.

-Y el de la reutilización, que va muy ligado al del consumo, ya que muchas veces algo que ya tenemos puede cumplir la función de algo que pensábamos comprar.

Últimamente estoy centrada en la reutilización, y la veo como una forma de cultivar la creatividad en mi propio beneficio, sobre todo en el de mi bolsillo. Muchos envases de plástico que podrían acabar en el contenedor amarillo (eso en el mejor de los casos) son susceptibles de ser reutilizados. Obviamente, no todos, pero muchos sí. Y recipientes en general.

Hace unos meses, por ejemplo, me cansé de una lata que siempre tenía por aquí y por allá y a punto estuve de tirarla. ¿No os pasa que a veces cuando tenéis un objeto con demasiados colores, o con un estampado muy exagerado, os cansáis antes de ello? Pues eso me sucedió con esta lata. Pero entonces tuve una idea: Tengo que trasplantar mi cactus, ¿y si…? Y oye, fue una idea estupenda. Parece mentira, pero por el simple hecho de ya no tener su tapa de siempre, y cumplir una función diferente, no parecía la lata de siempre, y mi cactus, feliz.

IMG_5643

¿Y vosotros, soléis reutilizar? Contadme.

Seguiremos informando.

Estás tirando el dinero: desmontando la cosmética comercial

A 345.657.456 empresaurios no les va a gustar esta entrada, pero me veo en el deber de escribirla igualmente, porque me apetece.

Como ya os he comentado por mis redes y en la última entrada, en la que os enseñé a hacer gelatina de ducha casera, llevo unos meses inmiscuyéndome en el mundo de la cosmética casera, y he aprendido muuuuuuuuuuuuuchas cosas. La más importante de todas: muchos productos son exactamente lo mismo, y nos compramos 57 porque nos hacen creer que necesitamos una crema especial para codos secos sensibles agrietados, que por supuesto no puede ser la misma que uses para cutículas deshidratadas con tendencia grasa.

No quiero abrumaros con nombres de ingredientes técnicos ni formulaciones (tampoco es que sea yo una experta) pero os propongo un ejercicio para ilustrar lo que quiero plasmar en esta entrada.

Id al baño y echad un vistazo. Analizad los productos de higiene y cuidado que utilicéis habitualmente, ya sea a diario, semanalmente, o mensualmente. Pero que los tengáis en uso, vaya. El maquillaje no lo vamos a tener en cuenta.

Seguramente tengáis los productos divididos en las siguientes categorías:

-Cara, pelo, cuerpo, manos (¿y pies, imagino?), etc.

Pues ahí está la primera trampa. Realmente la cosmética básica se reduce a dos categorías: lavar e hidratar. Sin más.

Por supuesto hablo de cosmética como cualquier producto base que cumple una función (que ya estoy viendo a químicos y farmacéuticos echándoseme a la yugular, y repito, solo soy una aficionada). El caso es que, en la práctica, un gel y un champú son casi el mismo producto. Y una crema para cualquier parte del cuerpo y una mascarilla también son parecidas. ¿No estáis flipando todavía? Porque yo flipé mucho en su momento.

Comencemos con lo fácil: el gel y el champú. Haced la prueba: me apuesto lo que sea a que en ambos casos los dos primeros ingredientes son “aqua, sodium lauryl sulfate”, o algo similar. Pues pensad que los dos botes contienen en su mayor medida esos dos ingredientes, y el resto que lleven los llevarán en cantidades mucho más pequeñas. ¿Por qué? Porque si no no serían rentables. Entonces, como os decía, son prácticamente el mismo producto.

¿Qué conclusión sacamos de aquí? Que ese gel de urea o de avena y ese champú de queratina o aceite de argán o *inserte ingrediente milagroso*, no llevarán de ese ingrediente más de un 5%, porque si no, no es rentable.

En cosmética, normalmente el ingrediente que usan para el reclamo publicitario es el mejorante, que es el ingrediente que se añade, como su propio nombre indica, para mejorar la fórmula, para dar el toque especial, y que se añade en un porcentaje muy bajo, porque es lo más caro. Lleven uno o diez mejorantes, los productos que siempre estarán hechos en esencia de los dos primeros ingredientes que aparezcan en su INCI.

Y lo mismo con cremas: una crema natural es en su base agua y aceite más emulsionante (ingrediente que hace que el agua y el aceite se unan y formen una textura cremosa) y luego ya, en pequeñas cantidades, conservantes y mejorantes.

¿Una crema para piel grasa? Mucha agua y poco aceite, y mejorantes astringentes.

¿Una crema para piel seca? Mucho aceite y poca agua, y mejorantes hidratantes.

¿Crema de noche? Mucho aceite y poca agua.

¿Crema de día? Mucha agua y poco aceite.

Y así todo.

Una mascarilla de pelo, en esencia, puede prepararse como una crema, pero utilizando un emulsionante específico.

Una mascarilla facial, lo mismo, con pequeños ajustes.

De todo, por supuesto, os iré compartiendo recetas conforme vaya experimentando.

¡Y esto es todo por hoy! ¿Cómo os quedáis?

Seguiremos informando.

Cómo hacer gelatina de ducha tipo Lush

¡Bueno, bueno!

Aquí estamos de nuevo, después de un mes de agosto sabático y un verano de sequía blogueril.

Como todo el mundo parecía estarse tomando un descanso de la vida digital y yo estaba también bastante saturada, decidí irme de vacaciones también de por aquí para volver en septiembre con las pilas cargadas.

Empiezo la temporada con una receta de cosmética natural casera, que espero será la primera de muchas.

Como os he ido contando por twitter e instagram, este verano hice por fin un cursillo de cosmética natural y desde entonces me he dedicado a husmear, investigar sobre ingredientes, elaboraciones y demás, hasta que por fin me puse manos a la obra.

Aproveché el último domingo para ponerme a hacer algunas recetillas fáciles, y el primer producto que salió fue esta gelatina de ducha que os enseño aquí (apreciemos su movimiento sexy):

giphy.gif

Esta maravilla que sirve para lavarse el cuerpo y las manos no lleva nada más que seis ingredientes, y es que, como os iré contando en próximas entradas, en cosmética natural muchas veces menos es más, y los ingredientes son muy versátiles.

IMG_20180902_194051-1.jpg

Empecemos por el principio: ¿qué es una gelatina de ducha?

Pues este producto tan pintoresco, muy famoso en Lush, que lo fabrica de mil colores y aromas diferentes, es simple y llanamente un gel muy espeso, un gel en estado gelatinoso. ¿Y cuáles son los ingredientes básicos de un gel?

-3/4 partes de agua o infusión

-1/4 de tensioactivo (ingrediente que aporta la acción lavante y espumante al producto)

-Espesante (que es el quid de la cuestión, la cantidad de espesante determina la textura)

-Conservante

-Aromas e ingredientes extra o mejorantes

Ahora hablemos de esta gelatina en concreto:

Su elaboración no fue premeditada, fue improvisando sobre la marcha porque esa tarde me dediqué a probar el efecto espesante del agar-agar sobre productos líquidos. ¿Qué ocurrió? Que fracasé estrepitosamente: no conseguí encontrar el equilibrio entre el líquido absoluto y el bloque gelatinoso, pero pensé que lo que sí podía hacer es aprovechar el fiasco del novato para hacer una gelatina de ducha (y funcionó).

Los ingredientes que usé fueron:

-Agua

-Agar-agar (se vende en hipermercados, en la sección de repostería)

-Betaína (tensioactivo suave derivado del coco)

-Ácido cítrico como conservante

-Aceites esenciales de naranja dulce y árbol de té para aportar aroma

-Vitamina E como mejorante

-1 vaso o recipiente que tenga el culo redondeado (para la forma de la gelatina)

La betaína, el ácido cítrico y la vitamina e los compré en Cosmética natural casera shop, una tienda online especializada en ingredientes para cosmética natural. Todos son ingredientes muy versátiles y los precios son ridículos en comparación con la cantidad de productos que puedes elaborar con ellos. El agar-agar lo podéis sustituir por gelatina neutra, la que se vende en láminas en cualquier supermercado, y se prepara de la misma forma.

El proceso de elaboración fue el siguiente:

-Verter medio vaso de agua en un cazo y añadir 1/3 de sobre de agar-agar. Llevar a ebullición y dejar cocer durante 1-2 minutos.

-Echar la mezcla en el vaso (lo usaremos para mezclar todo y como molde).

-Añadir betaína a la mezcla (el líquido que tiene el vaso son 3/4 del total y el cuarto restante será betaína).

-Añadir la punta de un cuchillo de ácido cítrico (se vende en polvo).

-Añadir unas 10-15 gotitas de aceites esenciales (en mi caso puse 12 de naranja y 3 de árbol de té).

-Con una jeringuilla, añadir una pequeña cantidad de vitamina e (se vende líquida). Yo puse hasta la primera marca de la jeringuilla.

-Remover todo muy bien para que se integre y dejar enfriar en la nevera. Al ser una cantidad pequeña, estará listo en una hora o menos.

¡Y ya está! Ahora solo queda apreciar la maravillosidad que habéis creado, lo fácil que ha sido y comprobar que. si lo frotáis, hace espuma. Magic!

giphy

Nos leemos en la próxima.

Seguiremos informando.

Desmaquillado zero waste con la mini gamuza Glov

Hi there! Esta entrada no sé por qué la he ido posponiendo y realmente tenía programado subirla antes, pero ha habido cambios de planes, you know.

El caso es que os quiero hablar de un experimento que compré en este pedido a Vita33, que me llamó mucho la atención y me pareció un buen candidato principalmente para sustituir a los bastoncillos del demonio.

IMG_20180617_192115.jpg

El utensilio en cuestión se llama Glov quick treat, y como podéis ver, además de monísimo es una gamuza desmaquillante en formato mini. Pero mini, mini. Formato dedal, podríamos decir. Glov es una marca especializada en gamuzas desmaquillantes de distintos tamaños, por lo que he podido comprobar. Me parecen una muy buena alternativa para dar puerta a los discos desmaquillantes y toallitas, y a los desechables en general, para apostar por una rutina facial más sostenible.

En mi caso me incliné a probar este modelo concreto porque, como ya os contaba en esta entrada sobre zero waste, se la tenía jurada a los bastoncillos, y estaba en busca y captura de una alternativa que me permitiera corregir los manchurrones fruto de mi manquismo con la máscara de pestañas sin contribuir al uso masivo de plástico.

 

Pues he aquí el artilugio: rosa y suave, debo decir, y presentado en un envoltorio de unicornios que no contribuyen para nada al deseo de compra.

Se ajusta perfectamente al dedo, sin resbalarse. La marca nos recomienda su uso en mojado, entonces la idea es ponerlo debajo del grifo y una vez mojado utilizarlo para arrastrar el maquillaje de los ojos tal y como utilizaríamos un disco desmaquillante. En mi caso lo he probado con aceite de coco y me ha funcionado genial, exactamente igual que usando una esponjita vegetal, aunque eso sí, una experiencia mucho más suave.

Se recomienda lavarlo con jabón para quitar los restos de maquillaje y dejarlo secar al aire para su próximo uso. En mi caso me resulta especialmente cómodo dejarlo en la zona de maquillaje, sobre un lápiz de ojos. Se seca perfectamente como si estuviera en el dedo.

IMG_20180617_191519.jpg

Ahora bien, puntos negativos:

Para mi idea principal no me ha funcionado: cuando intentaba utilizarlo para corregir las manchas de máscara de pestañas se me hacía demasiado grande y poco preciso, y tenía que apretar demasiado para quitar el exceso. No me resultó cómodo y definitivamente para ese menester me quedo con este truquillo que ya os adelantaba en la entrada sobre zero waste que iba a probar: un trocito de esponja vegetal.

Sí sí, las de toda la vida. Buenas, bonitas y baratas. Y biodegradables. Da la casualidad de que las últimas que compré (en Hipercor) tenían forma de flor, por lo tanto recorté un “pétalo” y tenía el tamaño perfecto. El grosor de estas esponjas si las cortamos dejando un extremo algo más fino es perfecto para corregir las manchas de maquillaje como lo haría un bastoncillo, pero sin contaminar. En mi caso guardo el trocito en mi zona de maquillaje y, si me confundo (que no siempre pasa, estoy mejorando) lo mojo, me lo paso y en medio segundo ya he solucionado el problema. ¡Os recomiendo que probéis!

Y hasta aquí mi opinión sobre este utensilio tan curioso. ¿Qué os ha parecido?

Seguiremos informando.

A veces no

Supongo que todos lo habréis experimentado alguna vez. Es una sensación extraña que nunca sabes exactamente cómo llega, pero cuando te quieres dar cuenta se ha convertido en una especie de nube que no deja de lloverte encima. Una mezcla de desmotivación, cansancio, saturación y desgana que anula cualquier iniciativa o impulso, o ganas de hacer hasta la cosa más nimia.

Hasta la persona más fuerte y con más fuego interior a veces se apaga, y supongo que es normal. Cuerpo y mente necesitan descanso para coger aire y retomar la marcha, y cuando no se lo proporcionas durante un largo tiempo, se rebelan contra ti.

A mí me ha pasado, esa sensación se ha apoderado de mí y me ha explotado en la cara en las últimas semanas, haciéndome dudar de cada paso que daba, quitándome las ganas de todo. No sé si es julio, el calor seco de Madrid, la sobrecarga de trabajo, la acumulación de momentos difíciles a lo largo del año, las dudas que a veces me asaltan sobre mi camino, pero no he estado ahí. He dicho que no, que no a todo, que no a mí.

Hasta hoy.

Anoche estuve hablando con alguien, y como siempre ocurre, las personas que te quieren tienen ese don especial para identificar una solución que a ti no se te había pasado por la cabeza, en tu obcecación y negatividad. Una solución que te cambia el prisma, un enfoque distinto.

IMG_20161122_170101
Un enfoque distinto, como el de Doisneau y su cámara…

Y algo tan simple como eso, el enfoque, puede hacer que cambie la forma en la que nos tomamos la vida. Y cuando enfocamos con algo más de luz, parece que todo vuelve poco a poco a la normalidad. Paso a paso, pero ha vuelto. He vuelto.

No os olvidéis de enfocar, o en su defecto, dejad que os enfoquen. Dejaos cuidar.

Seguiremos informando.

Nutella sin remordimientos y otros hallazgos en Vita33

¡Hola hola!

Madre mía, la semana pasada no pude encontrar el momento de pasarme por aquí y, ahora que por fin me pongo, me da la sensación de que hace siglos de las últimas líneas que escribí.

Los primeros días de piernas al aire y calor me coincidieron de pleno con los eventos más importantes del año y unas jornadas de locura total que me han dejado pa’l arrastre, necesito unas vacaciones con urgencia…

Pero bueno, al lío, que me voy por los cerros de Úbeda. El caso es que le tenía echado el ojo desde hace algo más de un año a la web Vita33, una web española que vende cosmética natural y productos de alimentación y limpieza del hogar entre otras cosas. La verdad es que tienen una oferta de marcas bastante amplia que no es fácil de encontrar en España y ofrecen bastante rapidez en el envío.

IMG_5685

El caso es que hace unas semanas me decidí a encontrar un sustituto de la Nutella un poco más sano. Realmente me conformaba con que no estuviera inflado de azúcar, porque oye, no me voy a poner yo agonías con el tema de “comer healthy” cuando soy la primera en pedir pizzacas los jueves y comerme un pedazo helado cuando me apetece, pero sí que es verdad que el tema de las cantidades de azúcar que llevan ciertos productos me hace llevarme las manos a la cabeza (véase el tomate frito por ejemplo).

Hace tiempo que me he vuelto adicta al cacao puro con leche (a modo de Cola Cao) y está mil veces más rico que cualquier bebida chocolatada con tres toneladas de azúcar. Así que pensé que tenía que haber algo parecido pero en versión Nutella, y… ¡eureka! Vita33 al rescate.

Me dio un día por bichear en la web y vi que justo tenían una marca de cremas de untar con la segunda unidad a mitad de precio, y vamos, más claro agua, porque son productos que baratos no son, y había que aprovechar la oportunidad.

IMG_5689

La marca en cuestión se llama Gudgreen, y me decidí por la crema crujiente de avellanas y cacao (la Nutella sana) y la crema de avellanas. Qué cosa más buena, me cagüen la leche. La pseudonutella es de otro planeta, de verdad. Se notan por separado el sabor de la avellana y del cacao y es mucho más sabrosa que cualquier crema de chocolate comercial. Mil veces más rica. Y la de avellana a su lado queda un poco eclipsada, pero está muy rica también, con prácticamente el mismo sabor que la crema de cacahuete.

IMG_20180617_185431.jpg

Además, decidí aprovechar el pedido y mirar algunas cosillas más. Me estaba quedando sin mi jabón facial y me puse a buscar alternativas zero waste. Me decidí por este jabón en barra de leche de burra de la marca SO Bio. Aunque, mi gozo en un pozo my joy in a well, porque cuando me llegó, descubrí que el envoltorio era de plástico. Por lo demás me gusta: limpia y desmaquilla bien (lo uso para ambas cosas) aunque cuidado con que te toque el lagrimal, porque pica un poquete (pero yo soy así de burra, quelevamoasé).

IMG_20180617_185330.jpg

Después me puse a cotillear la marca Pacifica, una marca de cosmética natural que me llamaba la atención desde hace tiempo. Me enamoré de sus perfumes y me animé a comprar el de sándalo y naranja dulce para el verano. Huele de vicio, pero me llevé un poco de chasco al ver lo sumamente pequeño que era (me lo esperaba algo más grande). La duración tampoco es que sea un milagro, aguanta un par de horas y luego se va, pero mientas huele, huele a gloria, algo así como chuches de naranja (las de gajitos). Debe ser que estoy obsesionada con este olor porque como os contaba en esta entrada, también me compré hace unos meses un aceite esencial de naranja para usarlo con el difusor de aromas y que toda mi casa huela a naranja. Mmm…

IMG_20180617_192115.jpg

Y por último pero no menos importante, me lancé a la piscina con un experimento del que no os voy a contar mucho porque será el protagonista de la siguiente entrada. Se llama Glov quick treat, y es una gamuza pequeña para ponerse en el dedo cual dedal y desmaquillarse. Algo así como un sustituto reutilizable a los discos desmaquillantes y los bastoncillos. Para nada influyó en mi decisión que el envoltorio fuera de unicornios.

Y bueno, ¡esto es todo! ¿Qué os ha parecido? Si no conocíais Vita33 os animo a que echéis un vistazo, tiene muchísimas marcas de alimentación y cosmética natural y el servicio es fantástico. Nos leemos.

¡Seguiremos informando!